La abuela

Pelo canoso, delantal, cuchara de palo, cazuela humeante, dulces, caramelos, abrazos pegajosos, ojillos de pícara, suaves palabras, risas, consejos....caricias.
Hoy es joven, es vital, es fuerte y siente cerca la vejez... piensa en el tiempo final, en disfrutar, en caminar, bailar, vibrar. Mi abuela no es como la de mi hijo.
De hecho la mía ya marchó a reencontrarse con su pasado, a disfrutar de su eternidad, no sin haber dejado su impronta en sus cuatro hijos, sus tantos nietos y biznietos. No sólo dulces recuerdos, también amargos, de sus últimos días, de sus dolencias del espíritu y de las llagas de su alma... cuanto que aprender! Pero no por ello desdeñable o prescindible, muy al contrario bàsico para las móleculas de los que formamos su universo.
Así siento su reflejo y por ello el mejor regalo que hago a mi hijo es dejarlo aprender de su abuela, mi madre. Diferente e idéntica a la suya... como reflejo de ella, yo la soy de las dos.
Espero que su pequeña mano, agarre la tierna y experimentada mano de ella, en la que encontrará el calor de las generaciones anteriores y el amor inconmensurable del alma de aquellos que han vivido y por fín aprendido lo que definitivamente tiene valor en esta vida: la dicha compartida.
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