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brosnya

Los avatares de cada día

Akelarre

Sin traición no hay redención. Luces inmensas de amigos vanales voltean las sensaciones de haber actuado correctamente y al descuido siente el vacío del engaño, las luces fundidas o más bien intermitentes se desplazan a otras plazas más grandes pero no más bellas. La oscuridad reciente, ilumina por fin la realidad, esa realidad falseada por brillos incesantes. El ego sucumbió y se sintió incandescente, pero su fuego la quemó. Una cura de humildad se hecho impresindible y por sus neuronas crecen nuevas posibilidades. Ahora con ojos inocentes, es consciente de errores ajenos, de propios errores. Breve, el castigo ha sido. Pues hoy recupera el aliento. Nueva oportunidad para vencer al ego. Nueva para valorar la lealtad. Gran palabra, poco concepto, al menos el que ella tiene. Con ánimo de no dejarse engañar por nuevas luminarias primorosas, vuela a su nuevo destino, apartando bombillas fundidas en el camino y protegiendo del viento las pequeñas mariposas encendidas para que con su pequeño resplandor le sigan guiando en nuevos akelarres.

La abuela

La abuela

Pelo canoso, delantal, cuchara de palo, cazuela humeante, dulces, caramelos, abrazos pegajosos, ojillos de pícara, suaves palabras, risas, consejos....caricias.

Hoy es joven, es vital, es fuerte y siente cerca la vejez... piensa en el tiempo final, en disfrutar, en caminar, bailar, vibrar. Mi abuela no es como la de mi hijo.

De hecho la mía ya marchó a reencontrarse con su pasado, a disfrutar de su eternidad, no sin haber dejado su impronta en sus cuatro hijos, sus tantos nietos y biznietos. No sólo dulces recuerdos, también amargos, de sus últimos días, de sus dolencias del espíritu y de las llagas de su alma... cuanto que aprender! Pero no por ello desdeñable o prescindible, muy al contrario bàsico para las móleculas de los que formamos su universo.

Así siento su reflejo y por ello el mejor regalo que hago a mi hijo es dejarlo aprender de su abuela, mi madre. Diferente e idéntica a la suya... como reflejo de ella, yo la soy de las dos.

Espero que su pequeña mano, agarre la tierna y experimentada mano de ella, en la que encontrará el calor de las generaciones anteriores y el amor inconmensurable del alma de aquellos que han vivido y por fín aprendido lo que definitivamente tiene valor en esta vida: la dicha compartida.

el jinete

el jinete

Un hombre enérgico a lomos de su negro corcel, cabalga por suaves valles de prados verdes humedecidos por el rocío matinal. Lo hace 3 veces por semana antes de incorporarse a su monótono trabajo de cuelgaluces, reparavallas  y arregla marrones en general. También disfruta del gimnasio semanal y la compañía de los amigos y realiza sus buenas obras ayudando a los recién llegados a encontrar un hogar un par de veces al mes.

Ya tiene sus hijos mayores y lleva años separado, viviendo al cobijo de su madre, disfrutaba de la placidez de una vida sin altibajos, sólo aquellos que él mismo se procuraba.

Hoy hace meses, pocos, que su madre falta. Hoy, hace menos días, que nota que su sueldo no llega para todo. Hoy, ve que a sus hijos les puede faltar trabajo y, hoy, también, se da cuenta de que no puede mantener ni sostener a su nuevo amor.

Morena de tez, sudamericana de origen, le revivió y le alegró las noches y los días, pero hoy que a todos falta, a ella le remata, el peso del retorno y el de no saber ubicarse, el de no poder mantenerse, el de la soledad... y cuando recurre al hombro fuerte de él, él descubre qué es el miedo.

Mil miedos comprimen su pecho, hasta se hizo un electro. Nada, le dijo el médico, sólo es estrés. Por que ahora al miedo se le llama así: estrés.

Miedo a perderla, miedo a tenerla, miedo a su engaño, como el que le han contado entre tantas historias sus amigos. Miedo a no ser lo suficientemente bueno, ni para ella, ni para sus hijos ni para la memoria de su madre. Sé lo come su recuerdo, el de su compañía, el de su caldo, el de su abrigo. Miedo a no sobrevivir, a no pagar la luz, el gas, el agua. Miedo a estar perdido!

Sorprendido de no reconocerse, él es fuerte, él es alegre, él no tiene miedo, pero siente el pecho oprimido. Pierde el cauce, pierde el sentido, pierde ilusión y pierde el camino.