Akelarre
Sin traición no hay redención. Luces inmensas de amigos vanales voltean las sensaciones de haber actuado correctamente y al descuido siente el vacío del engaño, las luces fundidas o más bien intermitentes se desplazan a otras plazas más grandes pero no más bellas. La oscuridad reciente, ilumina por fin la realidad, esa realidad falseada por brillos incesantes. El ego sucumbió y se sintió incandescente, pero su fuego la quemó. Una cura de humildad se hecho impresindible y por sus neuronas crecen nuevas posibilidades. Ahora con ojos inocentes, es consciente de errores ajenos, de propios errores. Breve, el castigo ha sido. Pues hoy recupera el aliento. Nueva oportunidad para vencer al ego. Nueva para valorar la lealtad. Gran palabra, poco concepto, al menos el que ella tiene. Con ánimo de no dejarse engañar por nuevas luminarias primorosas, vuela a su nuevo destino, apartando bombillas fundidas en el camino y protegiendo del viento las pequeñas mariposas encendidas para que con su pequeño resplandor le sigan guiando en nuevos akelarres.
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